Un pequeño pajarillo caído del nido, una carretera peligrosa y unos padres desesperados. Una pequeña historia real sobre cómo ayudar a crecer sin cortar las alas.
Un pajarillo del nido cayó,
en el suelo de mi patio,
asustado se quedó
Agua y comida yo le di,
pero tanto miedo tenía ,
que en un rincón,
acurrucado se quedó
Su mamá preocupada,
rondando estaba,
ante los peligros,
que se avecinaban.
Con mucha ternura y dedicación
comida ella le daba,
bajaba y subía todo el día
mientras su papá vigilaba.
Pensando que por la rendija
de la puerta , se había escapado,
la abrí y aprovechó para salir.
Sus padres en un trino
desesperado piaban,
pío, pío, pío, pío, pío,
pío, pío, pío !!
imagino que avisándole,
de los peligros , que lo acechaban.
En medio de la carretera lo cogí
y entre los rosales,
lo volví a poner en mi jardín.
¡Tan chiquitín y tiene
que aprender a sobrevivir!
Después de unos días,
su vuelo ha comenzado,
pocos días ha tardado,
a ritmo acelerado.
Con sus papás,
lo he dejado marchar
no le he querido enjaular,
para que disfrute de su libertad.
Plumitas, ha sido bautizado.
Pío, pío, pío, pío, pío, pío, pío
